jueves, 5 de enero de 2017

PETICIÓN A LOS REYES


Daniel, se sentía muy solo en casa; deseaba fervientemente que la cigüeña le trajera un hermanito con el cual jugar, hacer travesuras y urdir rastros por el pueblo. Hasta daba sardinetas a un cigüeño que había en el nido de la casa de al lado; todo en vano. Envidiaba a su amigo Elías por ser el tercero de cuatro hermanos y, en el colmo del desprecio hacia sus reiteradas peticiones, la cigüeña que anidaba en el nidal al cual él aportaba sardinetas, acababa de traer a sus padres otro bebé: una niña. Sin duda, las zancudas le tenían ojeriza.
-Eli, no hay derecho, vosotros ya sois cinco hermanos y yo, que no hago más que pedir a las cigüeñas que me traigan un hermanito, no me hacen ningún caso, me ignoran; hasta creo se ríen de mí.
-Pues no sé Dani en que penderá eso, te puedo asegurar que no habíamos pedido nada a Santa Claus, pero me alegro de tener una hermana. Mis hermanos mayores son unos mandones que no me dejan respirar y si no les hago caso, me cascan.
En más de una oportunidad Daniel, el profeta, se había apostado en las afueras del pueblo a vigilar el vuelo de las aves y alguna vez, las había visto dirigirse a los tejados de sendas casas con los clásicos paquetes colgados de su pico. Hasta en una ocasión percibió a dos cigüeñas, a la vez, posarse en la tronera del tejado de la señora Rosaura. ¡¡Pero nunca en su casa!!
Así que, aquel año, decidió cambiar de táctica. Esta Navidad se lo pediré a los Reyes Magos. Con su carta en la mano, se encaminó al Ayuntamiento donde habían instalado los Reyes su buzón. Allí, un falso Rey Baltasar, recogía las numerosas misivas infantiles. Cuando el Rey habló al niño, enronqueció la voz para evitar ser reconocido y guardó su carta aparte. Al llegar a casa tras la jornada “real”, Baltasar abrió la carta del niño recibiendo una sorpresa. Comunicó a su esposa la petición de Daniel, desconocida por ambos. El día de Reyes, junto a los regalos, Daniel recibió una carta del Rey Baltasar: “Querido Daniel: Hemos escuchado tu petición y para el año que viene, haremos lo posible por complacerte. A partir de hoy, pondremos en ello todo nuestro empeño”.

A LOS REYES MAJOS

Puede que esta misiva no llegue a vuestras manos y con mayor probabilidad, no os dejen cruzar las fronteras proviniendo de Oriente ya que os confundirán con refugiados.

No es gran cosa lo que tengo que deciros, nos conocemos de hace años y sabemos qué opinamos unos de otros. En realidad no quiero pediros nada. Como nunca, que yo sepa y mira que estoy cerca, me habéis regalado nada, tampoco tengo nada que agradeceros. Puede que sin darme cuenta me hayáis ayudado en algo pero ha debido ser tan leve el apoyo, que ni me he enterado.

Podría pediros una muñeca hinchable, pero estoy tan gafado que o se largaría con el primero que pasara o vendría ya pinchada de fábrica; bien pensado ¿para qué? Nunca he sabido conservar o ganar una novia así que ahora, cuando ya me falla todo como a las escopetas de feria, mejor dejarse de aventuras. Hasta el agua se me escapa de vez en cuando por el carter y eso si que son palabras mayores aunque a veces no se si es agua o aceite; el tubo escape, peor cada día, suena a destiempo y cuando más inoportuno es.

De trabajo ni hablamos; ya se me han ido las ganas y lo primero que hago cundo me levanto a las mañanas, es sentarme a descansar. Aunque os diré que estoy muy preocupado con los chorizos que nos gobiernan; se han pulido en cuatro años todo el dinero de la bolsa de las pensiones, más de 60.000 MM de € y para el año que viene solo nos queda para pagar la primera extra y hasta la pensión mensual peligra. ¿No podríais hacer un esfuerzo y el día 6 llevaros a toda la banda de delincuentes? Es una ignominia la gentuza esta que han arrasado la dignidad de este país. Por cierto de paso, ¿nos podíais librar también de los Mormones? Con el dinero que nos cuestan -unos y otros-  de nuestros impuestos, arreglaríamos algo el problema de la dependencia de los mayores.

Y ya de paso, llevaros a todos los corruptos, corruptores y corrompidos; que no quede ni uno. Por último, y si os queda tiempo y tenéis algo de influencia ¿podríais, aunque fuera haciendo algo de trampa, influir para que me premien algún relato de esos que tengo por ahí pidiendo amor? Ya sabéis que no es por dinero a pesar de que a nadie le amarga un dulce, sino por envanecer un poco a mi amor propio y que la gente que me rodea, aunque no me den incienso, mirra tu por donde igual (me) apreciaban  alguna cosilla de oro comprada con el premio. Aunque sea modesto, como yo, os lo tendría en cuenta.

PD._ En la galería habrá una botella de cava, turrón, polvorones y almendras garrapiñadas y como la puerta de la galería está abierta, en el botellero del comedor hay licores varios. Y si tenéis hambre, en la cocina hay un jamón, que el Camino es muy traidor y el regreso será largo.